Los comunicadores: Neber Araujo

ENTREVISTA
Por Margarita Heguy

Los comunicadores: Neber Araujo
Capacidad, vocación, conducta e imagen

“NO PODEMOS HABLAR DE PERIODISMO SIN LIBERTAD”

Frases destacadas:
“Los periodistas debemos reclamarnos decencia y honestidad”.
“La calidad va de la mano de los que saben lo que hacen y aman hacerlo”.
“La noticia hay que verla en la televisión, ampliarla en la radio y meditarla en la prensa”.


Hoy, a los 69 años, mantiene intacta la autoridad profesional y el estilo que le otorga una fecunda trayectoria que se inicia a los 22 años, cuando llega de Melo, como becario de idiomas, con la intención de convertirse en abogado, pero descubre la fascinación de buscar lo nuevo cada día y entender la trama de las cosas, lo que lo lleva a iniciarse en el periodismo. Luego fueron radio Carve, Sarandi y por diecisiete años la conducción de Telemundo 12, para culminar con Setiembre FM. Son más de cuatro décadas sin desviarse de una cierta imagen y una cierta conducta. Por eso fuimos a buscarlo para recoger su experiencia y sus reflexiones sobre la actividad a la que tanto aporto, que mantiene vivo su recuerdo y de la cual sigue siendo un importante referente para todos nosotros.

Se que era muy joven cuando vino a Montevideo, ¿cómo se inicia en el periodismo?
Por necesidad. Vengo de Melo en 1959, como becario de ingles y francés. Imprescindible trabajar para autofinanciarme. Lo había hecho ya unos meses como locutor comercial en radio La Voz de Melo, cuyo director me presenta en radio Carve como un promisorio periodista. Una mentira piadosa que parece haber resultado cierta….meses después, luego de tropiezos diversos, confirmo lo que nunca había sospechado como una idoneidad personal: realizar bien la búsqueda, redacción y locución de noticias ante un micrófono. Allí empezó un derrotero de 43 años en la radio, que también se proyecto a la televisión.

¿Cuál es la esencia de la actividad periodística? ¿Es imprescindible la vocación?
Sin vocación me parece muy difícil apasionarse y llegar a sentir como una cierta forma de creación intelectual el investigar y seguir el día a día de los grandes y los pequeños hechos de nuestro entorno más inmediato y del mundo y sentir que esa tarea es algo que justifica toda la energía, y, si hay, el talento que consumimos en elaborar un mensaje que se perderá como el viento en cuanto lo emitimos. La esencia de la actividad periodística es eso. Sentir una pasión profunda por contarles a los demás, de la forma mas precisa posible, cosas que creemos todos debería saber.

¿Los medios de comunicación deben estar al servicio de determinados valores?
Por supuesto. El primero de ellos y sin el cual no podemos hablar de periodismo, la libertad. La defensa y la afirmación sistemática de la democracia, del Estado de Derecho, de la justicia, de la legalidad de los actos sociales, políticos y económicos. De la tolerancia, de la mas libre circulación de las ideas, de los credos y de las opiniones, de la integridad personal y de los derechos humanos en general y, muy especialmente, de la familia y de cada uno de sus componentes. El medio de comunicación debe ser la vía libre para el transito, a través de los hombres y mujeres periodistas, de las demandas de la sociedad a sus gobernantes o a otros centros de poder y de los deberes y obligaciones de cada uno de nosotros.

¿Los medios tienen una responsabilidad social?
Absolutamente. Y ella solo puede cumplirse a cabalidad en un régimen donde impere la libertad más amplia.

¿Es verdad que los medios pueden manipular a la opinión pública y hasta llegar a imponer candidatos?
Esa manipulación existe en forma sistemática en sociedades sometidas por dictaduras u otros absolutismos del color que sean y donde los medios no informan sino que transmiten órdenes no cuestionables. En un régimen de libertades siempre existirán tentativas de manipulación, pero una opinión publica bien informada, con una sólida cultura democrática, tiene los elementos necesarios, que le da la diversidad de medios de comunicación, para no dejarse atrapar por esos intentos. Recordemos siempre, con orgullo y emoción, como decidimos los uruguayos en el plebiscito constitucional de 1980, frente a una avalancha propagandística monocorde y sin contrastes que nos lanzaba la dictadura. Y en cuanto a la imposición de candidatos mediáticos, creo que, en general, solo ocurre cuando el candidato tiene valores y virtudes propias y el medio lo que hace es amplificarlas ante la sociedad. Si el candidato es malo, no hay imágenes ni colores mágicos que lo salven del desastre.

¿Cómo debe ser la relación del periodista con el poder político?
Próxima y distante a la vez. Para informar con fidelidad sobre determinados asuntos, hay que tener contactos, fuentes, lo más adentro posible del poder político. Pero, a la vez, hay que evitar toda mimetizacion con dicho poder. Tenemos que realizar un juego de equilibrios que nos haga tan confiables para esas fuentes informantes como para nuestros oyentes o lectores. Y ante la duda, primero el interés de estos últimos.

¿Un periodista debe mantener en estricta reserva su orientación política?
Depende. Conozco a grandes periodistas que hablan o escriben para una idea o un partido político. Ahora, si lo que pretendemos es una garantía de equilibrio y de ecuanimidad para toda la sociedad, eso no parece posible si inficionamos, abierta o más o menos sutilmente, nuestro mensaje con nuestras ideas políticas. Claro que un país chico como el nuestro no es fácil, a menos que vivamos en una burbuja de cristal, esconder simpatías por una figura política o nuestra filiación partidaria. Pero por respeto de quienes nos leen o nos escuchan, nuestras creencias políticas tienen que estar bien lejos de nuestra labor.

¿Existe la autocensura, provocada por las presiones políticas o económicas?
En el Uruguay de la dictadura conocimos la censura más dura y la autocensura más abundante. En el Uruguay democrático tanto las autocensuras políticas como económicas existen pero adquieren formas mas sutiles, y yo diría que casi vergonzantes. Afectan más que al periodista directamente al gestionario del medio. Ella, cuando existe, llega al comunicador como un pedido para bajar el énfasis o la ubicación de la noticia. Supongo que en lo económico existirán amenazas de retirar una pauta publicitaria o, en el caso del Estado, un codiciado cliente, se llega muchas veces a no publicitar en medios críticos con las políticas de gobierno nacional o municipal. Actualmente a estos medios cuestionadores se les llama desde el poder “opositores” y hasta “conspiradores o traidores”. En países como el nuestro, donde la radio y la televisión son concesiones precarias y revocables por el gobierno, es fundamental la convicción democrática y libertaria del gobernante para proteger y afirmar el libre accionar de esos medios. De lo contrario el temor, el miedo y los calificativos pretendidamente descalificantes pueden hacer una abundante cosecha de autocensuras.

¿Cuáles son los criterios más importantes que deberían regular la conducta profesional de un periodista?
Tener conciencia siempre de que cualquiera sea la magnitud del hecho sobre el que informamos, su difusión terminara afectando ineludiblemente los intereses de alguien en la comunidad. Eso demanda, por lo tanto, la máxima certeza sobre la veracidad de los contenidos de nuestra crónica o informe. Antes que nada debemos reclamarnos decencia y honestidad para ganarnos y preservar el respeto de nuestros receptores. Tenemos que estar en guardia siempre ante los asaltos de nuestra subjetividad y ciertos de que, si bien la objetividad es un mito, hay que tratar de estar lo mas próximo de ese ideal.

¿Cree usted de utilidad los códigos éticos de autorregulación profesional? ¿Son necesarias las leyes para regular la comunicación y sus limites ante derechos de terceros?
todo lo que suene a regulación en el campo de la información es cosa que me repugna. Las leyes deben existir, claro que si, para proteger los derechos de los terceros. Yo debo ser responsable por la gravedad del daño material o moral con que afecte la integridad moral o los intereses de los demás.

¿Cuál es la importancia de la enseñanza de la comunicación y el periodismo a nivel universitario?
El aporte del conocimiento universitario diría que es indispensable. Pero faltando mucho para proclamarse periodista. Los egresados bien saben que después queda un duro camino por recorrer. Y de ese examen es de donde sale o no sale el o la periodista.

¿Cuáles serian los atributos esenciales que deben caracterizar a un medio de comunicación social que procure la calidad periodística?
Formar el mejor plantel posible de periodistas o comunicadores y darles la mayor libertad para que creen y produzcan sus contenidos. La calidad va de la mano de los que saben lo que hacen y que aman hacerlo.


¿La televisión, que es imagen y en gran medida entretenimiento, permite informar cabalmente o es involuntariamente limitada en sus posibilidades?
La televisión es un medio de un formidable poder de llegada y de penetración de su mensaje. Pero sus tiempos, exigidos de un ritmo ágil, matizado, eléctrico, terminan generando una cierta limitación para explicitar acabadamente los hechos. Yo siempre digo que la noticia hay que verla en la televisión, ampliarla o profundizarla en la radio y leerla y meditarla en la prensa, para alcanzar su máxima, y acaso, su verdadera dimensión.

¿Qué consejo le daría un joven que recién se inicia en el periodismo?
Que mida con modestia sus potencialidades y que no se marque objetivos desmesurados de inmediato. Pero que si alcanza un rápido reconocimiento no se lo crea y se reclame, por el contrario, mas esfuerzo, mejor formación, mayor contracción. Los regalos fáciles en esta profesión suelen ser nuestros peores enemigos. Una honesta autocrítica, dura pero no desmoralizante, es lo que nos hace crecer y fortalecernos.

¿Cómo es el amarillismo en el periodismo? ¿Que lo diferencia del sensacionalismo?
Amarillismo y sensacionalismo son dos patologías del periodismo que suelen asociarse con mucha frecuencia. Ambas son armas pobres y decadentes de un periodismo sin talento, sin inteligencia para competir en el disputado mercado de lectores, oyentes y televidentes. Por eso apelan a la explotación de lo macabro, a la truculencia, a las miserias humanas, a las más diversas formas de agresión a la dignidad y al buen nombre de las personas. Manosean valores y símbolos en su afán insaciable por cebar los bajos instintos y las sensaciones más primarias de las gentes.

Se dice que opinión e información no deben mezclarse. ¿Esto es fácil de lograr en la televisión, un medio en el cual los gestos tienen su propia y poderosa elocuencia?
No deberían mezclarse. Pero es cierto que la televisión, un medio tan escrutador de nuestra sensibilidad, a veces hasta inconcientemente suele delatar nuestras reacciones mas intimas. Una forma de mirar, de pausar, un movimiento de la cabeza, de los hombros, de la boca y muchos otros gestos, repito, a veces involuntarios, denuncian nuestra ubicación personal frente al hecho que informamos. Vuelvo a la noche del plebiscito de 1980 en canal 12. Ante cámaras dije – si bien no se había liberado la información - que la diferencia seria de unos 200 mil votos. Mire fijo la cámara, sonreí y fui al corte. La gente supo, como yo lo deseaba, que esa sonrisa era el triunfo del NO.

¿Que significo para usted recibir el premio Juan Pablo II a la comunicación, otorgado por la Conferencia Episcopal Uruguaya?
Imagínense, 1981, plena dictadura aunque ya herida de muerte por el plebiscito. En nuestro programa “En vivo y en directo”, en Sarandi, con Lil Bettina Chouhy y Jorge Traverso nos planteamos ubicarnos siempre lo mas lejos del régimen y utilizar todo tipo de ironías, alusiones y otros malabares para cuestionarlo hasta donde la prudencia lo permitía. Y a veces hasta la imprudencia. El premio “Juan Pablo II” a “La comunicación social al servicio del hombre” fue para nosotros en aquel turbulento y agónico 1981 lo más gratificante que podía ocurrirnos. Era el preciado reconocimiento ante los riesgos asumidos y la señal definitiva para seguir golpeando en el rumbo que nos reintegraría la democracia en 1985.
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¿Estamos bien y vamos bien, o estamos bien y vamos mal?
Nuestro Presidente introdujo otra variante en su discurso del bienio: “vamos bien, pero falta mucho”. Yo, si tomo por referencia todas las expectativas pre y post electorales, discursos, anuncios, decisiones, y contra decisiones, contradicciones y revisionismos ideológicos, suscribiría mas bien la frase de Lampedusa en el Gatopardo: “si queremos que todo siga como esta, es preciso que todo cambie”. Que en el cocoliche uruguayo es un poco eso de “la sensación térmica y la temperatura real”.
(margaritaheguy@hotmail.com)




DE IDA Y VUELTA

¿Casado?
Con Maria del Carmen Felitto Oholeguy
¿Hijos?
Cuatro: Neber (41), Ana Carolina (39), Federico (38) y Sebastián (33)
¿Nietos?
Siete: Marcia (7), Sebastián (6), Mathis (3), Máximo (3), Federico (19 meses) y Joaquín (3 meses).
¿Campo o playa?
Que lindo seria un campo con playa o viceversa. Pero, campo.
¿Radio o televisión?
Ambas, pero para sentirse pleno la radio.
¿Un libro?
Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar.
¿Un autor?
Homero
¿Un periodista?
Omar Defeo.
¿Un deporte?
El fútbol.
¿Una entrevista?
Tres horas y media con Wilson Ferreira Aldunate en “En vivo y en directo”, en Sarandi, poco después que lo liberaran los militares.
¿Un defecto?
La impaciencia.
¿Una virtud?
No desesperar.
¿Una anécdota?
Sobre el aparente conflicto entre nuestras intimas creencias políticas y la búsqueda de la credibilidad, el siempre recordado Maneco Flores Mora me dijo una vez: “mira, en nuestro país todos sabemos lo que somos políticamente. De manera que si viene alguien y te dice “yo no soy nada”, sacale el cuerpo, porque ese tipo va a terminar con cualquiera y al servicio de cualquier cosa”.
¿La familia?
Mi mundo.






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